martes, 26 de julio de 2011

Ser Doula

Antaño, desde niñas, se veían a mujeres parir y criar a sus hijas, a sus hijos. Eran actos simples con los que estábamos familiarizadas, actos cotidianos como amamantar, cambiar pañales y sostener a los bebés en brazos. Hoy muchas mujeres llegan a ser madres sin haber tenido ningún contacto anterior con bebés.

Una Doula es una mujer preparada en la ayuda al nacimiento que actúa como soporte, proporciona información y apoyo emocional y físico a las mujeres embarazadas, antes, durante y  después del parto. Las Doulas acompañan a  mujeres que dan a luz en sus  casas, en  hospitales, en casas de partos…
Una mirada amorosa, un “te escucho”, un saber estar, una mano cálida… ahí entramos las Doulas. Ser Doula implica esta capacidad para acompañar a la mujer y a su pareja en este recorrido hacia la maternidad-paternidad.

La primera misión de una Doula es informar a las mujeres embarazadas y a sus familias de la experiencia positiva de la maternidad y del parto. El cuidado de una Doula se basa en  saber que, el apoyo emocional y la confianza durante el proceso de parto facilitan todas y cada una de las fases de la maternidad. Lo importante de una Doula, además de tener una formación cualificada, es su manera de ser, de acompañar,  de empatizar…
Cuando la madre no se conecta con su instinto, con su naturaleza… pueden  surgir  situaciones que la llevarán a momentos de nerviosismo, de desconexión con su bebé  e incluso a desequilibrios emocionales.
Los comentarios de los familiares, de los amigos, una lactancia que no se termina de instaurar, un agotamiento físico debido a falta de descanso, unas hormonas revueltas… el teléfono sonando, el bebé llorando… la moral por los suelos.
Y entonces se plantea si ha de coger al bebé cuando llora, ponérselo a la teta cuando quiere, tenerlo  al brazo, dormir con él …se cuestiona si esto es lo normal… porque alguien le dice que  no lo haga.

Parte de nuestro trabajo es devolverle a la mujer la confianza en su cuerpo, confiar en que es capaz de dar a luz por sí misma,   que su bebé sabe lo que tiene que hacer para nacer, que su cuerpo está preparado y  sus emociones también.
Esa seguridad hace que en el posparto también se sientan más serenas, que los bebés estén más tranquilos.
Algunas mujeres llegan asustadas, porque son conscientes de la información que les falta sobre lo que supone ser madre, de la información errónea que tienen.

Ahora, en todo el mundo se identifica con el nombre Doula a la mujer con conocimientos del trabajo de parto y del nacimiento  que acompaña a la mujer que va a parir. Puede tener formación sobre  masaje, reflexología, reiki, otras terapias… Ofrece información, consejo y soporte  pero no está cualificada para desarrollar tareas clínicas.

Ser DOULA es un camino de dar y recibir, de apertura a la Vida, de crecimiento personal, de afianzamiento de sentimientos profundos arraigados en el alma.