domingo, 7 de agosto de 2011

¿Por qué formarse como Doula?


Entiendo y acepto que cada persona es un mundo, que cada cual tiene su momento, sus vivencias y sus razones. Es por eso que quiero transmitir lo que supuso para mí la formación “oficial” como Doula.

Siempre lo digo, varias veces lo he contado.  Siendo muy joven, algo había en mi interior que me impulsaba en esta dirección… el parto, la maternidad, los niños, todo ello envuelto en un halo de grandeza, de misterio y de magia.  Durante la crianza de mis hijos me adapté a lo que había. Siguiendo mi instinto pero con la poca información que había y que llegaba a mis manos, no llegué a mucho. Concerté con mi ginecólogo un parto lo más respetado posible y conseguí librarme del valium, del pentotal.  Amamanté a mis hijos con el apoyo de mi madre y de mi abuela, pero menos tiempo del que me habría gustado.  Ni ellas ni yo sabíamos más. Dejé mi trabajo por convencimiento propio, tenía muy claro que quería criar a mis hijos. Los portee,  pero mis hijos no colecharon como algo habitual.

La crianza me resultó fácil: todo mi tiempo era para ellos y hasta que llegó la adolescencia -etapa más complicada que la infancia, según mi experiencia- yo era una madre “full time” Aún siendo reivindicativa y peleona en otros temas, apenas tenía más planteamientos externos.

Cuando nació mi primer nieto, comenzaron a salir mis sombras. Ahora sé que siempre las tenemos y que en un momento u otro, aparecen, queramos o no. Y me quise escapar de ellas. Y no quise mirarlas a la cara porque me producían dolor, porque tenía miedo… y así entré en un círculo de temores y ansiedades… y mal-estar físico.  Comencé una terapia y le puse nombre a todo aquello que estaba oculto. Y entonces, conforme mis heridas se cerraban, surgieron de nuevo  aquellas emociones que estaban aparcadas desde muy joven: el parto, la maternidad, los niños… la crianza.  Y tras acompañar a mi hija en su segundo parto, decidí comenzar mi formación como Doula.

Esta breve exposición de hechos no tiene más que un sentido: sé que no hubiera sido capaz de acompañar a mi hija en su parto si yo no hubiera sanado mis heridas, si no hubiera entendido, transcendido, amado…

En los grupos de Formación de Doulas se crea una fuerza increíble, se mueve la poderosa energía femenina al estar todas las mujeres con el corazón abierto, con el alma desnuda. Eso es algo que se palpa, se  siente y que engrandece y alimenta el espíritu.

Los talleres de los distintos temas son profundos, a veces nos metemos a bucear en nuestra heridas sin darnos cuenta, en otras ocasiones, con plena consciencia nos metemos en un barrizal del que salimos limpias, fuertes… empoderadas.

La formación que nos aportan los  profesionales médicos, terapeutas, psicólogas… cualquiera que sea su especialidad, es una información seria, veraz, humana, completa y vivencial. En los seminarios aprendemos mucho, obtenemos datos, acumulamos información. 

También  reímos y lloramos. Bailamos, cantamos, nos disgustamos… nos derrumbamos y volvemos a caminar. Pero siempre bajo el calor del resto de las compañeras, con la fuerza y la energía que se mueve en estos grupos de mujeres con la sororidad que nos mueve a todas en esos momentos tan mágicos.

El tiempo  transcurre,  los seminarios  van pasando, la formación se termina. Y se crean amistades, se estrechan lazos.    Se comparte, se da y se recibe. Mucho. Porque al fin y al cabo, eso es lo que implica ser una Doula: dar y recibir.

Yo no sé cómo se habrán formado todas las Doulas que son. También sé que hay que no realiza ningún tipo de formación y se apoya en su experiencia. Está bien, cada cual sabrá qué es lo que hace y por qué.

Por todo esto, quiero animar a cualquier mujer que haya tenido este pensamiento por su cabeza a que realice la formación.  Algunas se enfrentaran a sus sombras, otras terminaran cambiando sus prioridades, habrá quien comience un camino de crecimiento personal que ya no tendrá fin, unas se reafirmaran en lo que ya son. Y otras serán y ejercerán como Doulas. Pero seguro que para todas será una experiencia enriquecedora e inolvidable, algo realizado por y para una misma. Y eso siempre es muy gratificante.


Con amor.

Amama Doula.