martes, 22 de noviembre de 2011

Lactancia materna o cómo decir las cosas

 

Cuando hablamos de lactancia con una embarazada o una madre reciente, tenemos tendencia a  hablar de los “beneficios de la lactancia materna”.
Vivimos en una cultura “del biberón”: vemos imágenes representativas de la infancia con biberones, muñecos con biberones, literatura infantil donde vemos crías de animales alimentadas con biberón, carteles anunciando políticas de igualdad y conciliación con imágenes de biberones… Incluso hemos oído decir muchas veces que a partir de determinada edad -que es variable según el interlocutor y la situación- el pecho “ya no alimenta” o “se convierte en vicio”. Partiendo del estándar de la lactancia artificial, nombramos entonces los “beneficios de la lactancia” frente a una normalidad del biberón.
Sin embargo, si nos paramos a pensar… ¿qué es lo normal en los mamíferos? Amamantar, ¿verdad? De ahí el  origen de mamífero. La leche de cada especie es específica para sus crías ya que es el alimento óptimo, con los leucocitos, las inmunoglobulinas y otros elementos protectores únicos y adaptados para ellas, y que además permite a la madre cuidar personalmente de su cría hasta que ella esté preparada para independizarse y ser autónoma.

Por eso, si consideramos que amamantar es lo normal y lo óptimo, cualquier cosa que no sea lo  óptimo es menos bueno, y por tanto, peor.

Si nos referimos entonces a los sucedáneos que se dan a los bebés humanos (leches artificiales a base de leche de vaca u otros animales, bebidas a base de soja, leches antireflujo o hipoalergénicas, etc), ¿por qué tenemos miedo de decir que son peores que la leche materna? ¿por qué no hablamos de perjuicios de la lactancia artificial?
Queremos ser políticamente correctos, pero siéndolo faltamos a la verdad. Las madres que no dan leche materna a sus hijos no pueden pensar que se van a criar igual porque no va a ser así. El cariño, el afecto, el amor, el respeto… de una madre a sus hijos, se pueden transmitir de la misma manera. Pero la calidad del alimento no será, ni de lejos, la misma.
Y hablo no sólo a nivel nutricional sino también en el rol de maduración de tejidos y sistemas, incluyendo de manera especialmente importante, la maduración de los sistemas inmunológico y cognoscitivo del infante.

Cada madre es libre de decidir el alimento que quiere dar a su hijo, pero para poder hacerlo debe recibir TODA la información, de manera objetiva y completa. Por ello, desde las asociaciones de lactancia, consultoras y personal especializado recomendamos enfocar desde la “cultura de la teta”, donde la lactancia materna sea la norma, y cualquier otra cosa cause perjuicios.

Laura Villanueva, 
Consultora Certificada de Lactancia IBCLC

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