sábado, 28 de enero de 2012

Apoyo al Dr. José María Paricio


 De nuevo aunamos esfuerzos con el fin de conseguir paliar una injusticia.  Poco más voy a decir sobre lo que está ocurriendo en torno a nuestro querido doctor José María Paricio.  Internet se ha hecho eco de ello y yo, desde  mi humilde espacio me sumo a esta iniciativa.
Por él y para él. Porque se lo merece.

martes, 24 de enero de 2012

EPISIOTOMÍA


Episelle o un negocio redondo

Por Susana F.
La cultura de la intervención en el parto se une a la del marketing para, unidas, fomentar la episiotomía y vendernos la crema que nos ayude a curarla. Así, desde las páginas de embarazo en las que se publicita Episelle se presenta con toda naturalidad como la solución a las molestias de la episiotomía.
A ver. Comencemos desde el principio: la episiotomía no debería ser una práctica habitual. La decisión de cortar con unas tijeras-bisturí el periné de una mujer en el momento del parto va mucho más allá de lo que deberíamos considerar como la consecuencia normal de un parto vaginal.
Es un corte limpio, dicen, para evitar un desgarro que siempre es peor, explican, condescendientes. Lo que está claro es que en los hospitales españoles se sigue practicando con demasiada frecuencia.
Se supone que se realiza para evitar lesiones, pero lo cierto es que aplicadas por simple rutina y no por una real necesidad, las causan. Porque el periné femenino está preparado para estirarse y permitir el paso del bebé. Porque si se hacen las cosas bien no tiene por qué haber desgarros en la inmensa mayoría de los casos. Porque si realmente hay un pequeño desgarro, el cuerpo es tan sabio, que el tejido del periné se recupera solo, sin cremas, sin masajes, sin intervención alguna.
Pero sobre todos estos argumentos, el más importante: generalizar estas prácticas daña a las mujeres. Lesiona su parte más íntima. Puede provocar infecciones, dolor y en muchas ocasiones perjudica seriamente las relaciones sexuales posteriores.
Eso sí, resulta más cómodo abrir y extraer al niño que esperar a que el cuerpo de la mujer y la naturaleza hagan su trabajo normal respetando los ritmos.
No permitamos que se normalice el abuso. No dejemos que después de un parto vaginal se hable de la episiotomía como algo inherente al proceso. ¿Qué tal el parto? ¿Y los puntos? Resulta que hay mujeres, tras haber sido adiestradas anteriormente en diversos cursos de preparación al parto en “como curar los puntos”, ya dan por hecho que saldrán del hospital con una cicatriz.
Y así algo como esto puede ser comercializado. Para venderlo nos lo ponen como un producto necesario para toda mamá recién parida: claro, para los puntos. Como lo más normal del mundo.
Mujeres, no os dejéis engañar, no os dejéis cortar.
Para más información sobre esta intervención, puedes consultarwww.episiotomia.info
Para leer más:

martes, 17 de enero de 2012

La dimensión espiritual del parto


La dimensión espiritual del parto

Preparación al parto: clases, revistas, libros, infinidad de materiales y profesionales de todo tipo se dedican a preparar a las embarazadas para el parto. Casi siempre esa preparación consiste en explicar las fases del parto, los mecanismos físicos y biológicos que lo desencadenan, las posturas… y cosas tan obsoletas y absurdas como “enseñar a respirar”. En muchos casos, todavía se prepara a la mujer para aceptar todo tipo de técnicas o procedimientos que se le harán en el hospital estén o no indicados…Por desgracia en muchos lugares la preparación es para la “sumisión en el parto” , dando mensajes seudotranquilizadores a la mujer del tipo “no te preocupes, que en el hospital todo estará controlado”“tienes que confiar en que los profesionales harán todo por tu bien y el de tu bebé”, etc. En casi toda esta preparación se niega por completo la dimensión espiritual del parto.
Y es que el parto es un profundo viaje interior, una experiencia que roza lo místico, seamos o no religiosas. 
Conocer esta dimensión espiritual del parto parece importante para que cada mujer pueda vivir su parto de la mejor manera. Conocer todo lo que conlleva el parto permite salir siempre reforzada del mismo, independientemente de cuál sea el resultado final.
El parto es un viaje interior, una transición, una travesía que en un momento dado cada mujer debe realizar sola, por muy acompañada y sostenida que esté. Siempre hay un punto en el que eres tú y tu dolor, tú frente a tus miedos, tú frente a tus ganas de escapar, tú frente a tu dificultad para dejarte llevar, para dejar de controlar, para abandonarte y CONFIAR. Cuando ya sientes que no puedes más, cuando el dolor te ciega y te rindes y dices me rindo, entonces pasa el dolor otra vez y llega la calma, la belleza, esa sensación que te da la oxitocina entre contracciones y hace que todo te parezca bellísimo. Sí, es un viaje y una travesía interior el parto, y si lo entiendes y lo vives, el aprendizaje luego te sirve para todo en la vida, para todas las crisis, las contracciones siempre vienen y van, siempre es difícil confiar. Si las mujeres escucharan ese tipo de relatos, si estuviesen preparadas para saber que habrá un momento critico en el parto, un momento en el que saldrán sus miedos, sus demonios, y pudiesen pensar cómo los afrontarán, qué tipo de ayuda querrán entonces… Si sólo con oír una voz dulce que te dice “va todo bien, sigue…” te puede valer o no, o si alguien te recuerda “es tu bebé, déjale nacer, confía en él…”
Para ilustrarlo, un maravilloso relato de una madre, Nerea Nara, que dedicó muy especialmente a su doula, Ana Merino:
“Me despierta el dolor; las contracciones son agudas y regulares; el mecanismo increíble de la naturaleza se ha despertado, no hay marcha atrás. Siento excitación ante lo desconocido, es como prepararse para una gran fiesta en medio del dolor. Sonrío, sonrío y gimo. Me postro en el suelo con cada contracción – devuélvele a la tierra lo que es suyo-, me doy cuenta de que me encuentro en un estado de ensoñación e hiperconsciencia. Siento tanta serenidad y a la vez tanta energía que quiero quedarme aquí eternamente… quiero poder volver a este momento siempre que lo necesite.
Dejarse llevar, ¡disfrutar!, dejarse mecer, pero duele, me resisto, ahora viene, ahora se va -no luches contra el dolor, sumérgete en él- y me voy abriendo, voy comprendiendo, lloro de felicidad y algo luminoso estalla junto a mi ojo izquierdo. Miro al padre de mi hijo y quiero regalarle el secreto, pero no puedo hablar. Él ha comprendido, nos abrazamos. Tengo que deshacerme de mi mente. Sacudo con fuerza la cabeza, no puedo preguntar, ni saber, ni analizar, ni pensar. Por eso hay penumbra; no hay momento del día, no hay adentro y afuera. Creo que tengo que perder el control. No puedo parir con la cabeza, sólo puedo hacerlo con el cuerpo, con el instinto, y he de ir mucho más allá. Me siento ligera aunque sigo inclinándome hacia el suelo. Ah, son reverencias. Ah, soy un animal. Presa del pánico; de repente siento miedo ante la libertad. Nadie me puede indicar si lo estoy haciendo de la manera correcta, porque no existe la manera correcta. Vértigo, y liberación. Más contracciones, grito sin restricciones, es salvaje. ¿Y si es demasiado salvaje? Ahora soy una niña. Lloro, pregunto. Necesito que me digan que lo estoy haciendo bien. Me lo dicen, pero no me consuelo. Me doy cuenta de que no sirve de nada. Me siento sola y perdida, aturdida, casi siento rabia… y entonces dejo de buscar afuera; la única manera de seguir adelante es mirando y escuchando hacia dentro. Más adentro, más adentro está la voz. Ahí. Ahora sí, todo es como tiene que ser.
Y continúo, más allá de la experiencia, del umbral del dolor, del tiempo, de todo lo conocido. Es una experiencia iniciática. Si supero esta prueba, habré crecido milenios. Habré retrocedido hasta el principio mismo del cosmos. Ahora hay un obstáculo; es Alén, ¿no quiere nacer? pierdo mi identidad para que él pueda avanzar. Tengo que hacerlo… pero entonces me difumino, me fundo, pierdo la fuerza, me desvanezco, me hundo. Me voy abajo, muy adentro, demasiado… está oscuro y pesa. Es la muerte; me dejo. Hay alivio, pero no puedo descansar. Temo no poder volver. Temo por la vida de mi hijo, reacciono, me desespero; no tengo poder sobre mi cuerpo, estoy tan exhausta que ya no puedo conectar. Tengo muchísimo miedo, tanto que digo la palabra “hospital”, tiemblo. Suplico, me arrastro. Me reincorporo con ayuda. Me animan. Tengo que poder. Tengo que poder. Y puedo. Necesito agarrarme a la gente, a la carne, a la tierra, grito, no grito, soy un grito, ya no sé, estoy fuera de mí, empujo con una fuerza descomunal desde adentro… y mi hijo sale de mí. Y ya no hay nada más. Lo sostengo contra mi pecho, todo alrededor es dulce, es caliente, es una cabeza diminuta en mi mano, es un aullido extático, es sangre, palpita, se mueve… me mira fijamente; es un ser. Se ha creado dentro de mí, ha nacido al mundo a través de mí; es mi hijo, pero no es mío. Es la vida. Es maravilloso. ¡Lo he conseguido! Sí, he muerto y no he vuelto; he ido más allá. He atravesado la puerta, y he nacido a una nueva vida junto a mi hijo.”

lunes, 2 de enero de 2012

Masculinización del parto



¿Es esta masculinización del medio ambiente el factor principal por la cual hoy en día, a nivel planetario, el número de mujeres que dan a luz y las placentas gracias a la liberación de las hormonas naturales se aproxima a cero? Personalmente, estoy convencido de que el mejor entorno posible para un fácil nacimiento, incluso para muchas mujeres modernas es cuando no hay nadie alrededor, excepto una partera experimentada y silenciosa o una doula, percibido como una figura de la madre. Esto lo aprendí en el momento de la "partera de tejer”  la década de 1950. Me volví cada vez más consciente, durante mi carrera como médico del hospital, del punto de inflexión en la masculinización del parto. Y estoy volviendo a aprender esto hoy, cuando, de vez en cuando, me toca asistir a un parto en casa, por lo que el padre del bebé está ocupado en la cocina o en otros lugares alrededor de la casa, dejando a la mujer con una sola persona con experiencia en todo, maternal y en silencio. Sin embargo, en la época actual  la evidencia basada en prácticas obstétricas y parteras es que no podemos confiar en la observación clínica de dar una respuesta…

 …Muy temprano en la segunda mitad del siglo, hubo un excedente de obstetras americanos que la mayoría de ellos tenía el tiempo para participar en todos los partos: se convirtieron en "cuidadores primarios", en lugar de experto que está únicamente en situaciones excepcionales y patológicas. Además, en los EE.UU. la doctrina de la esposo / pareja que participan en el nacimiento ya estaba bien establecida en la década de 1970. Un exceso similar de (en su mayoría hombres) obstetras había existido también desde hace mucho tiempo en la mayoría de ciudades latinoamericanas. En resumen, el punto de inflexión comenzó antes y un desarrollo más rápido en los dos continentes americanos que cualquier otro lugar. En el otro extremo del espectro, el proceso de masculinización se ha retrasado en un cierto número de países. 

La obstetricia en Irlanda se asocia generalmente con el concepto de "manejo activo del alumbramiento", utilizando estrictos criterios para controlar la velocidad de trabajo. Sin embargo, la presencia habitual del padre de los nacimientos de Irlanda se retrasó hasta finales de 1980. 

La característica única del sistema socializado holandés de obstetricia es que la partera se considera oficialmente el cuidador principal. El obstetra juega el papel del asesor experto. 
En Holanda, el 30% de los nacimientos todavía se producen en el hogar y el parto en Holanda no ha sido muy influido por las teorías de la mayoría de los movimientos occidentales de parto natural. El comportamiento tradicional de que el marido va a la taberna o estar ocupado en la casa persistió por más tiempo que en otras partes. 
El concepto de la pareja que da a luz apareció mucho más tarde que en otros países de Europa Occidental y del mismo modo la masculinización de parto ha seguido un camino diferente y más lento…

…De todos modos la cuestión principal sigue siendo: ¿se puede afirmar que existe una relación causa-efecto que explica esta asociación? ¿Podemos afirmar que las dificultades en el parto se relacionan con el grado de masculinización del medio ambiente? ¿Podemos confiar en la doula con experiencia diciendo que la oxitocina, la "hormona tímida", es más tímida en un hombre que en un ambiente femenino? También podemos suponer -y esto no es contradictorio-  que la masculinización del ambiente del nacimiento ha sido originalmente a consecuencia  de una profunda falta de raíces de interés en la base,  necesidades de las mujeres trabajadoras y los bebés recién nacidos. 

Si, hace medio siglo, había sido fácil de explicar que todas las situaciones asociadas con la liberación de adrenalina y con la estimulación de la corteza cerebral tienden a obstaculizar el proceso del nacimiento, la historia del parto habría sido empujada en otra dirección. Simplemente, si se había entendido que una mujer de parto necesita sentirse segura sin sentirse observada, la función específica de la matrona como una figura de la madre habría sido más fácil de interpretar. 

Los teóricos de la década de 1970 habían dado cuenta de qué tan contagiosa es la liberación de adrenalina, y se había previsto que un hombre que ama a su mujer puede liberar hormonas del estrés en el momento equivocado, que habría sido más prudente antes de afirmar la participación por rutina del padre en el nacimiento. Si los obstetras  habían anticipado que el uso de monitorización fetal electrónica continua puede ser percibido por las mujeres en trabajo de parto como una forma de observar a sus funciones corporales, y por lo tanto, para estimular su neocortex, se habría podido predecir los resultados de los ECA lo que indica que la única constante y efecto significativo de estos nuevos inventos fue aumentar las tasas de cesáreas. Finalmente, todos los aspectos de la masculinización del ambiente del nacimiento aparece como consecuencia directa de la arraigada ignorancia de los procesos fisiológicos…
 …No es una tabla que en el contexto científico del siglo XXI, las señales preliminares de una "des-masculinización 'del medio ambiente del nacimiento ya son visibles. El fenómeno de la Doula, ha alcanzado dimensiones mundiales, ya que podría ofrecer una oportunidad para redescubrir la obstetricia auténtica…

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