viernes, 8 de junio de 2012

Vientre de mujer: documental


Con placer (y con su permiso) comparto este último estudio de Mónica Felipe- Larralde en torno al útero y de qué manera los estereotipos de mujer creados a través del cine, de la moda… llegan a influir en nuestros cuerpos, o lo que es peor, en nuestras mentes.

Como mujer madura y después de haber gestado, parido y amamantado a tres hijos,  sé lo que significa aceptar este vientre medianamente prominente y relajado (que no flácido). Y en momentos como estos lamento que mi memoria flaquee, porque hace algún tiempo leí una novela –cuyo título no recuerdo- en la cual había una frase que me caló hondo, pues me veía identificada en ese momento.

En la novela, en el transcurso de una relación de pareja entre personas adultas, ella muestra cierto rechazo a su cuerpo, pero él, su partenaire, muy cariñosamente le habla de la belleza que se esconde tras la morbidez de ese vientre fecundo…


"Aparece un nuevo modelo de mujer: extremadamente delgada, adolescente, casi andrógina, con un cuerpo no desarrollado. Son los años sesenta, los años del despertar, de la búsqueda de libertades de la mujer, de cambios de normas y paradigmas. Es señalable que, cuanto más libre se hacía la mujer, tanto más cambiaba su cuerpo hacía lo rectilíneo. Una evidencia de que la libertad y la maternidad no parecían caber en el mismo cuerpo." 

"En el mundo de la moda y el espectáculo (los que marcan las tendencias e imponen modelos), el vientre femenino ha desaparecido. No existe. No está. Podría ser una anécdota sino fuera porque lo que oculta el abultado vientre de una mujer es un útero relajado."

"Los arquetipos de belleza occidentales no son tan inocentes como podíamos imaginar. Desde la más tierna infancia, las niñas juegan con muñecas que presentan un tipo de mujer extremadamente delgado. Una Barbie posiblemente tendría problemas de infertilidad al no tener suficiente índice de grasa corporal. Una delgadez extrema que nos déja exhaustas y desvitalizadas, lángidas y cansadas… débiles y sumisas. Muñecas infames que van moldeando la delicada percepción que sobre el propio cuerpo tienen las niñas desde la más tierna infancia."

"En cualquier paseo, los escaparates nos ofrecen maniquíes (en ocasiones sin cabeza) que nos interrogan desde el cristal: y tú, ¿eres como yo? En esta sociedad es imposible escapar al dominio absoluto de este modelo de mujer delgada, sin vientre, que se esfuerza en ser atractiva para los demás a pesar de sí misma, que se hace más pequeña, más fina, que se embellece con afeites y cosmética, que acude a la cirugía estética, que va a la moda, que compra y consume, que es pasiva/receptora y no activa/creadora de su propio modelo de ser…"

"¿Por qué querríamos renunciar a la fuente de placer que proporciona el útero relajado y el vientre? ¿Es una estrategia inconsciente (o no) del patriarcado para castrarnos aún más? ¿No será, al final, un elemento más de sometimiento? Lamentablemente, mi respuesta es que los modelos de ser mujer en una sociedad no nacen de la casualidad. Tienen una funcionalidad y en este caso, me parece que demasiado evidente. Romper el placer y la sensualidad en la mujer de forma que no goce demasiado, que se someta por falta de vigor y vitalidad, que luche contra su propia naturaleza para sentirse aceptada por terceros, es la demostración de las huellas del patriarcado en nuestro cuerpo de mujer." 


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