miércoles, 22 de agosto de 2012

Las Doulas también nos empoderamos



La DOULA en un parto es bien útil, en eso estamos de acuerdo. Tenemos estudios que lo avalan. Pero ¿de quién es el poder? El problema más difícil de resolver es el poder de la parturienta.

Es cierto que el sistema hospitalario es como un monstruo que nos absorbe tanto a las doulas y mucho más a las parturientas... porque somos muy vulnerables en el momento de parir, la situación nos obliga a "soportar" lo que el médico decide y hace, porque él sabe más que nadie... sin embargo y aquí les lanzo algo con lo que quizá no se van a sentir cómodas pero que pienso puede ser útil para discutir y reflexionar:

¿Porqué las mujeres permitimos que eso ocurra y siga ocurriendo?
¿No se tratará de un problema de auto-estima, que no tenemos la fuerza suficiente ni los ovarios para protestar masivamente por esas injusticias?
¿No será que el rol de víctimas lo tenemos tan internalizado que seguimos permitiendo que decidan por nosotras, por nuestro cuerpo y por nuestros bebés?
¿Cuándo tomaremos la decisión de ser más enfáticas, más decididas…?

 Nos enseñaron a ser sumisas, a soportar, a "ser buenitas", porque si no sobre nosotras caía el peso de la rabia, la violencia del hombre. Yo me pregunto ¿hasta cuándo lo vamos a permitir? Somos quienes llevamos al bebé en la panza por nueve meses, somos las que parimos y cargamos con las cicatrices, somos las que amamantamos hasta el cansancio, somos las que todos los meses vemos nuestra ropa interior con el miedo de estar embarazadas, de que no nos venga la menstruación... entonces ¿será posible comenzar a ser más radicales con el patriarcado? ¿Será posible tomar el poder de nuestros ciclos en nuestras manos nuevamente?

¿Qué lograron nuestras hermanas feministas? ¿Cuánto lucharon ellas? ¿Cuánto estamos dispuestas a seguir siendo testigas silenciosas de abusos, de cesáreas innecesarias, de sistemas ineficientes que nos separan de nuestros bebés al nacer, de palabras groseras, de gestos que disminuyen la confianza en nuestro propio cuerpo y sabiduría? 

 ¿Y en cuánto a recibir remuneración? Por supuesto que nuestro trabajo debe ser reconocido económicamente. Pero también es cierto que hemos trabajado tantas veces sin honorarios, no somos comerciantes de la salud, nuestro trabajo como doulas y comadronas conscientes es muy grande, va más allá del dinero, del sistema capitalista, nuestra misión es crear CONSCIENCIA, retornar el poder a la mujer, recordarle que ella es quien tiene en su cuerpo la memoria celular del parto y del amamantamiento, sanar nuestras relaciones entre nosotras mismas porque es la sed de poder las que nos pone una contra las otras, en el pasado remoto, en el momento del parto las mujeres se unían todas para acompañar a la madre, porque sabían los riesgos a los que se enfrentaban (la muerte), no creo que comadronas y doulas no estaban unidas haciendo su trabajo, cada quien tenía claro su rol, aunque no nos llamábamos doulas, siempre en el parto acompañaban las madres, las tías, o las que ya habían parido para ayudar.

Creo que tenemos que tomar acciones más asertivas, debemos trabajar aún más por lo que sentimos y sabemos es lo más lógico. Debemos invocar nuestras diosas internas, a nuestras Artemisas para hacer escuchar nuestras voces y activar más acciones, nuestras Ateneas para establecer estrategias de guerra, nuestras Deméter y Perséfone para recordar la dulzura y la calidez de la maternidad...
La ciencia ya lo ha demostrado , ya hay estudios, testimonios, evidencias científicas, pero no ha sido suficiente, porque al sistema le conviene seguir mal-funcionando, entonces ¿qué debemos hacer?

 ¿Será que tenemos que crear nuestro propio sistema de salud? Casas de parto llevadas por comadronas, doulas, médicos y enfermeras ganados a la humanización del nacimiento... etc? En Centro-América las parteras lo hacen, en México, en Sur-América. Mujeres que viven en zonas rurales, alejadas de la academia, de las facultades de medicina, actúan por la sencilla razón de que son conocimientos heredados de varias generaciones, de que las parturientas no tienen acceso al sistema hospitalario, no hay transporte, están aisladas y alejadas de las ciudades. Y atienden partos en casa, dando consejo no sólo acerca del parto sino de crianza, lactancia natural, remedios naturales accesibles, planificación familiar, son sabias mujeres que actúan por vocación de servicio, por respeto y solidaridad hacia sus semejantes.

Somos muchas y muchos en el mundo y cada día descubrimos más gente que aboga por la humanización del nacimiento, porque hemos hecho consciencia de que debemos actuar, de que se nos está acabando el tiempo, es un problema que tiene que ver en términos más amplios con la sanación de nuestra relación con la MADRE TIERRA, a la que estamos explotando sin consideración, violentando desde sus seres más vulnerables, los animales, la naturaleza y nosotros mismos los humanos que tenemos ciencia, tecnología, herramientas pero que nos hemos olvidado de sentir y no hemos podido encontrar equilibrio y armonía... a pesar de tanto adelanto.

Generamos más violencia y aislamiento con la tecnología cuando una máquina sustituye el contacto piel con piel tan necesaria para sanar un enfermo,  generamos más gastos energéticos cuando una incubadora debe calentar a un bebé y su madre permanece adormilada a pocos metros porque debe descansar después del parto.

Sanar nuestra relación con nosotras mismas es sanar con nuestras madres quienes salieron a la calle a trabajar y nos dejaron en manos de otras personas, y olvidaron cómo es amamantar, cómo es cargar un bebé todo el tiempo (crearon el concepto de que se malcría a un niño o niña si está mucho tiempo en contacto con la mamá, por su propia comodidad y su necesidad de libertad). Es también sanar relaciones competitivas, egoístas, destructoras entre nosotras mismas. Quienes ejercen la violencia en el parto muchas veces son doctoras, enfermeras, pediatras…

 Quienes queremos humanizar el nacimiento debemos empoderarnos también, debemos luchar contra el mensaje de que “no podemos”, de que necesitamos a un doctor que nos dé el status, de que el sistema nos va a dar el espacio. 

Debemos tomarlo y punto, no desde la lucha, sino desde la profunda convicción de que queremos una humanidad más pacífica, amorosa y equilibrada.
Hay que educar, hacer un trabajo de hormigas educando a las mujeres y a los hombres también, a los niños y niñas desde que son pequeñas, las adolescentes.

Lic. Isabella Polito de Lares
Doula. Educadora Prenatal. Terapeuta Corporal

domingo, 12 de agosto de 2012

Un poco más de tiempo en el vientre materno podría beneficiar a los bebés




"Los hallazgos de un estudio de la Universidad de Columbia generan dudas sobre la conveniencia de acelerar el nacimiento al programar partos".  

El tiempo extra permite un mayor desarrollo cerebral y un estudio desarrollado por la Universidad de Columbia indica que quizá también mejores calificaciones en la escuela. En general, se considera que un embarazo es a término cuando se extendió en entre 37 y 41 semanas; los bebés nacidos antes de las 37 semanas se denominan prematuros, y se sabe que tienen más probabilidades de presentar problemas de salud y desarrollo.

Los niños en el estudio eran todos nacidos a término, y la mayoría obtuvo buenos resultados en pruebas de lectura y matemáticas en el tercer grado. Aunque en cantidades marginales, el estudio detectó que un mayor número de niños nacidos a las 37 o 38 semanas tuvo resultados más bajos que los nacidos una o dos semanas después.

Los investigadores y otros expertos dijeron que los resultados indican que la definición de premadurez debe ser reevaluada.

Los hallazgos también generan dudas sobre la conveniencia de acelerar el nacimiento al programar partos por cesárea por el hecho de que las madres estén cansadas de estar embarazadas o porque los doctores estén ocupados, y no por razones médicas, dijeron los investigadores.

Las mujeres deberían "al menos proceder con precaución antes de elegir adelantar su parto", dijo la doctora Kimberly Noble, profesora de pediatría del Centro Médico de la Universidad Columbia y líder de la investigación.

El estudio involucró a 128.000 niños de escuelas públicas de la ciudad de Nueva York, e incluyó a un número considerable de niños de familias marginadas. Pero los autores dijeron que es casi seguro que se hallen resultados similares en otros niños.

De los niños nacidos a las 37 semanas, 2,3% tuvieron muy mala habilidad de lectura y 1,1% tuvo al menos problemas moderados en matemáticas. En comparación, entre los niños nacidos a las 41 semanas, 1,8% presentó problemas de lectura equivalente y 0,9% de matemáticas. Los niños nacidos a las 38 semanas tuvieron riesgos ligeramente menores que los nacidos a las 37 semanas.
Comparados con los niños nacidos a las 41 semanas, los nacidos a las 37 semanas tuvieron 33% más probabilidades de presentar dificultades graves para leer al cursar el tercer grado, y 19% más probabilidades de tener problemas moderados en matemáticas.

"Estos resultados son de suma importancia y predicen futuros logros académicos", dijo Naomi Breslau, socióloga y profesora en laUniversidad Estatal de Michigan. Su propia investigación ha vinculado cocientes intelectuales más bajos a los 6 años de edad en niños que nacieron con el mismo peso que un bebé de 37-38 semanas de gestación, comparados con los que nacieron con mayor peso.

El estudio fue publicado el lunes en la revista Pediatrics.
La investigación "causará una conmoción", dijo la doctora Judy Aschner, profesora de pediatría y directora de neonatología delCentro Médico de la Universidad Vanderbilt. "Aún hay muchos bebés que nacen más o menos por elección a las 37-38 semanas, y la gente piensa 'no es gran cosa, ya están a término'. A mí me parece que sí es gran cosa", dijo Aschner, quien no participó en el estudio.

Aschner dijo que nadie está recomendando retrasar el parto para las mujeres que entran en labor a las 37 o 38 semanas. "No quiero asustar a las madres cuyos bebés vienen a las 37 semanas", dijo. "Pero aquellos que eligen adelantar el parto, en verdad necesitan detenerse"
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Algunos hospitales, como Vanderbilt, exigen que los obstetras que planeen una cesárea por elección completen una lista de control, y si las casillas apropiadas no están marcadas, la operación no se puede llevar a cabo, dijo Aschner.
En el estudio, 15% de los niños nacieron por cesárea, pero no había información sobre cuántas de éstas fueron por decisión o por necesidad médica. Las cesáreas pueden causar complicaciones de parto que también incrementan la posibilidad de problemas en el desarrollo del infante. Pero los investigadores tomaron eso en cuenta, junto con otros factores de riesgo, incluido bajo peso al nacer, falta de cuidado prenatal, fumar durante el embarazo y situación económica del vecindario, todo lo cual contribuye a pasar apuros académicos. Y aún así descubrieron que nacer a las 37 o 38 semanas era un riesgo adicional.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Gracias a todas estas mujeres que se dan: las Doulas




Copio este artículo sobre las Doulas de la página web de la revista MENTE LIBRE y con el permiso de Elena (¡Gracias!). Nunca será suficiente lo que pueda hacer, humildemente, para dar a conocer esta maravillosa profesión, pues tal cual la considero y la vivo.

Estamos en la sociedad del aquí y ahora, la sociedad de las prisas, de la agresividad, de la falta de respeto, de la exigencia, del hedonismo, del consumismo y un largo etc.

Además, si echamos la vista atrás, nos damos cuenta de que con el discurrir de los años, se notan más estos rasgos negativos en las comunidades donde residimos. Los seres humanos, en paralelo al progreso técnico de nuestra sociedad, estamos cada vez más solos y aislados, lo que resulta paradójico pues la población mundial no para de crecer. Cada vez somos más, y sin embargo, no conocemos a los vecinos, las familias son mucho más reducidas o están lejos, y en muchas ocasiones, existe un palpable distanciamiento emocional entre las personas.

No deja de ser chocante que  el deterioro de nuestra sociedad marche paralelo al deterioro de nuestro planeta.

Aunque, en realidad, este hecho no tiene nada de fortuito. Como bien dice el insigne cirujano y obstetra francés Michel Odent: “Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer”.

El parto y el nacimiento han pasado de ser sublimes acontecimientos de la naturaleza mamífera femenina a actos medicalizados, solitarios, dirigidos e institucionalizados en exceso.  Parimos en ambientes estresantes, donde nos infantilizan, pasamos hambre, nos ordenan, nos controlan, nos ningunean, nos violentan, y lo que aún es peor, nacemos ansiosos y con miedo en ambientes ruidosos, hostiles, fríos, violentos. En resumidas cuentas, parimos rodeados de dolor, desasosiego, estrés y violencia y nacemos rodeados de dolor, angustia, estrés y violencia.

Nada más nacer, nos separan de nuestra madre, nada más parir nos separan de nuestro bebé. No debe extrañarnos, pues, que la violencia, el egoísmo, el desapego y la indiferencia se hayan instalado alrededor nuestra en todas partes.

La humanidad está, pues, ante un desafío muy complejo. Debemos restablecer los ritmos de antaño, debemos volver a sacralizar el acto del nacimiento y del parto, debemos devolverle a las mujeres la decisión sobre su cuerpo y la vida de sus hijos, debemos recuperar el respeto por lo femenino, por sus ciclos, por sus tiempos, por su espiritualidad. Menarquia, embarazo, parto, lactancia, menopausia han sido dejadas de lado, apartadas e, incluso, escondidas. Tal vez sea el momento de restituirles a las mujeres su espíritu femenino.

Para lograr este difícil reto, existe un grupo de mujeres que se han aliado alrededor del mundo para recuperar su papel de sabias acompañantes, las doulas.

Las doulas existen desde que el ser humano pasó a ser bípedo, pensante y social. Hijas, madres, algunas veces abuelas, mujeres que han pasado por las experiencias de la femineidad y brindan a otras mujeres su apoyo, su conocimiento, su respeto, su protección, su espiritualidad, su amor y su infinita paciencia.

La labor de las doulas es ardua, pero muy enriquecedora. Acompañan a las mujeres en todo el proceso de transformación que significa pasar de ser hija a ser madre. Este cambio sutil, apoyado por una doula, suele resultar una experiencia enriquecedora y sublime.

Durante todos los meses del embarazo y la gestación, en ocasiones incluso antes, la doula prepara e informa a la futura madre y al futuro padre para recibir a su bebé en las mejores condiciones físicas, emocionales y espirituales posibles. Ella contribuye al bienestar de la familia y asienta las bases para que la vida uterina y la vida extrauterina del bebé, del futuro niño y del posterior adulto sean lo más sosegadas, ecuánimes y felices posibles.

A la hora del parto, la doula no se separa de la futura madre, la acompaña en su casa desde las primeras contracciones, la apoya, la sostiene, la relaja, la masajea, la consuela, la alimenta, le sirve de regazo, la ayuda a aliviar el dolor, la comprende, la alienta, e incluso, llegado el caso, le resuelve los problemas administrativos que puedan surgir si la madre ha decidido parir en un hospital.

De hecho, es tal el beneficio del sostén de las doulas en el parto que ya existen estudios científicos basados en datos médicos y antropológicos (la figura de la doula se da en casi todas las culturas) que demuestran lo ventajoso que es para las parturientas contar con una.

Después, una vez nacido el bebé, el apoyo, la experiencia y el amparo de estas sabias mujeres, le resulta indispensables a las madres para afrontar con total tranquilidad la ambivalencia del puerperio. No debemos olvidar, que el puerperio es un periodo dentro de la vida de la mujer por lo general muy ambiguo en el que se unen la felicidad por tener en brazos al tan deseado bebé, con el cansancio, la falta de sueño, la reactivación de patrones infantiles y los cambios hormonales y físicos. Una vez más, la familia se encontrará con el soporte incondicional de la doula para unir sus vínculos, superar todos los obstáculos que puedan surgir y para salir reforzada de este periodo de tanto crecimiento espiritual.

Además, estas mujeres, que ya han pasado por todas estas experiencias, le transmitirán a sus protegidas todo su conocimiento sobre Lactancia Materna, sueño del bebé, hitos evolutivos, espiritualidad materna, cuidados básicos, y crianza.

La tarea de la doula podríamos, por lo tanto, enmarcarla dentro de una línea holística dirigida tanto a lo físico, como a lo emocional y lo espiritual. En la parte física hay que resaltar que nunca realizan ningún control médico, esas son tareas de matronas y obstetras muy alejadas de su cometido.

En parte, gracias a la generosa labor de las doulas, estamos asistiendo paulatinamente al resurgir del respeto hacia la femineidad y sus ciclos. Estas profesionales, con gran experiencia y preparación a sus espaldas, han rescatado del olvido lo que significa el arte del acompañamiento. Ya no tenemos que enfrentarnos aisladas a las dudas del embarazo, ya no tenemos que parir solas, ya no pasaremos afligidas, asustadas o ansiosas los primeros días del bebé en casa, ya no criaremos a nuestros niños sin apoyo. Las doulas nos acompañan y nos guían hacia la recuperación del instinto femenino, el cual, nunca debimos abandonar por el camino del progreso.

Gracias a todas estas mujeres que se dan y regalan todo su tiempo para contribuir al bien de las familias y, por ende, de la humanidad. Su labor jamás estará suficientemente pagada ni recompensada.