miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Son tontas las futuras madres?



Se me hace duro pensar que mujeres que trabajan con y para otras mujeres crean que algunas son tontas, que las hagan incapaces por tomar ciertas decisiones. En concreto y por mantenerme en lo que me ocupa, me refiero a  que digan que las madres que eligen a una doula para que las acompañen en algún proceso durante su maternidad no tienen criterio. O les han comido la cabeza. O están engañadas…
Por suerte, las mujeres que toman esta decisión –al menos las que yo he conocido- la han tomado a conciencia, sabiendo lo que hacían, y muy bien lo que querían y necesitaban.

Recuerdo ahora el primer parto hospitalario que acompañé. Era el primer bebé de la pareja y ella tenía muy claro que quería a una doula a su lado. Estuve con ella durante todo el embarazo, comenzamos muy pronto a tener encuentros en los que comenzó a fluir la confianza.

Llegada la fecha, estuve a su lado casi desde las primeras contracciones, pues así lo quería ella. Una vez en el hospital, en la habitación, también con su pareja. Llegó el momento de bajar a la sala de dilatación donde pariría a su bebé y prefirió que fuera yo quien estuviera junto a ella. Los papás habían acordado que llegado justo el nacimiento, yo me saldría para que entrara el padre de la criatura.

La comadrona entraba y salía. En ningún momento me preguntó quien era yo. Me dijo que si necesitaba algo que la llamara. Le pregunté si le podía dar agua y me dijo que sí, que por supuesto…

La segunda fase fue muy larga pero permanecí a su lado en todo momento, velando su sueño, acercándome cuando me llamaba, dándole agua si pedía… escuchaba sus quejidos y los sentía en mi piel. La veía deambular, agacharse, mover las caderas… y ella, viéndome cerca, a su lado,  se sentía segura.

Cada vez que la comadrona entraba, me miraba en silencio. Veía que todo estaba bien. Y se volvía a marchar.

Llegó el momento del nacimiento. La comadrona ya estaba preparando todas las cosas, la mamá se había acomodado de la forma que le apetecía en una cama articulada que esta profesional, cariñosamente, iba acoplando a sus indicaciones.

En un momento dado me dijo “asómate y le verás la cabecita” pues yo permanecía junto a la cabeza de la parturienta, dándole la mano que me había pedido.
Y justo entonces pensé que me tenía que salir para que entrara su marido. Pero para sorpresa mía, la comadrona me dijo que permaneciera junto a la madre y que ella iba a salir a por el papá.
Cuando él estuvo dentro, nos quedamos mirando… en silencio. A los pocos minutos, nació la criatura. La parió sin epidural, de forma natural a pesar de su agotamiento.

Me alejé un poco de la pareja para que disfrutaran de ese momento, me quedé en muy tercer plano… pero los recién estrenados padres me llamaron para que cortara yo el cordón umbilical. Todavía tenía que contener mis emociones, hasta que saliera del paritorio: yo era la que acompañaba, yo era la que contenía…

Cuando la matrona terminó de coser un pequeño desgarro, le di las gracias por haberme permitido estar. Y entonces le dije que era SU DOULA porque era necesario que lo supiera.

Para mi sorpresa me dijo que lo había sabido desde el primer momento, que veía entre nosotras complicidad, que veía en la mamá la confianza y la seguridad que yo le estaba aportando, y que por todo ello,  no había sido capaz de hacerme salir.  Me dio las gracias por mi colaboración.

La madre que pidió mi acompañamiento es una mujer inteligente, profesional, informada y comprometida con la Vida.  Su marido en todo momento estuvo de acuerdo con las decisiones que ella había tomado.

Como esta mujer, ha habido otras a las que he acompañado.  Y aseguro que no son para nada tontas, ni influenciables, ni han sido engañadas.

Con todo, reivindico el derecho a que cada mujer elija por quien quiere estar acompañada durante su maternidad, sea el proceso que sea. Y por ello voy a seguir trabajando.





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