martes, 7 de octubre de 2014

Por qué ser Doula... ¿para qué?



A través del tiempo y la experiencia, estoy pudiendo constatar que muchas mujeres quieren ser Doulas a raíz de su propia vivencia personal.  O por situación de desempleo, pensando que pueden hacer de esto una profesión.

Y reflexiono en voz alta.

Dada la situación socio-sanitaria en que se haya la mayoría de los hospitales que atienden partos y dada la cantidad de experiencias negativas e incluso traumáticas en que algunas madres quedan inmersas tras sus propios partos, surge en algunas de ellas la necesidad de ocuparse en algo que hacer para que a otras no les pase lo que a ella le pasó y de ahí acuden a una formación para ser Doula.  También, mujeres que no han vivido en carne propia la experiencia de la maternidad y siendo Doula intentan quitarse esa espina.  Y mujeres que han tenido una experiencia gratificante de acompañamiento y deciden ser ellas mismas quienes adopten ese rol para estar al lado de nuevas madres…  Cada una con sus motivos, todos respetables. Pero...

Algo muy importante quedó en mi recuerdo durante la formación que realicé con Doulas de Alicante: fueron los temas que hacían referencia a la sanación de las propias heridas, algo que considero absolutamente imprescindible para ser Doula.  Entiendo que, puede resultar complicado acompañar a una madre si yo misma arrastro una herida emocional sin cerrar, pues siempre se puede correr el riesgo de que ante cualquier situación vulnerable, ésta se reabra. 

Con toda sinceridad, creo que sería honesto hacer una introspección antes de tomar esta decisión de ser Doula, incluso si es necesario, realizar una terapia propia y sumergirse en aquello que nos dejó dolidas tras nuestros experiencias, aquello que, aún sin diagnosticar pudo haber supuesto una depresión pos parto en toda regla y que, tal vez,  no escuchamos y sanamos por no saber reconocer o por no tener a dónde acudir.

Creo que algo tan emocional como es el acompañamiento a una mujer en un estado máximo de vulnerabilidad como es un parto, como es una maternidad recién estrenada, no puede depender solamente de nuestra experiencia personal, de nuestra situación laboral o económica. Sinceramente, creo que ha de ser algo puramente vivencial y vocacional para poner el alma en ello. Creo, también, que hay que ser realistas y valorar la situación de disponibilidad con que se cuenta para poder atender en caso de llamada para un acompañamiento.

En fin, no dejan de ser reflexiones en voz alta. Como ya sabemos, las Doulas hemos existido siempre, pero durante unas épocas en que las mujeres estábamos conectadas con nosotras mismas y con la Naturaleza, en unos tiempos en que se vivía más en tribu y se compartía entre iguales, en unos momentos en que no había tanto desequilibrio emocional, ni tanta herida ni tanta soledad...

Hoy, algunas mujeres estamos buscando un acercamiento y una reconexión con nuestra esencia y creo que todavía queda trabajo por hacer.  Creo que sigue siendo necesario encontrarse a una misma, saber qué es lo que deseamos, lo que realmente necesitamos, lo que somos capaces de ofrecer y desde ahí, desde la armonía y el conocimiento de nuestro Yo interior, saber hasta dónde estamos preparadas y dispuestas para acompañar a las demás.  De lo contrario, el riesgo que se puede correr y/o el perjuicio que se puede causar, puede ser irreparable.


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